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El Reino de Paz se hace visible
Nos encontramos en un paisaje de suaves colinas, con campos y bosquecillos que nos invitan a tener una vivencia contemplativa de la naturaleza. Aquí reina el silencio. A la orilla del camino se mece al viento un campo de trigo, rodeado de forma pintoresca por luminosas amapolas rojas. Tal vez nos saluda una liebre atravesando a saltitos el camino, o en lo alto del borde del bosque pace en ese momento una familia de corzos. Mucho más abajo se divisa una granja, escondida entre árboles y arbustos. Frente a aquella zona del valle, entre dos bosquecillos, se extiende un amplio campo que se eleva suavemente y conduce nuestra mirada hacia arriba, hacia una majestuosa cruz de madera que está en la cima. Vista desde la distancia, se ve relativamente pequeña, sintiéndose, sin embargo, su verdadera altura y majestad. El símbolo del Resucitado ilumina el Islote de tierra del Reino de Paz en formación.
Aquel que observa el paisaje, puede constatar que todavía hay mucho que hacer, pero que algo ya se ha logrado. Por ejemplo, el Paraíso de los pájaros – un bosquecillo lleno de la vida polifónica de sus moradores. Una variopinta bandada de pájaros ha tomado morada en Primavera en las numerosas pajareras que cuelgan de los árboles, ocupándose en ellas de sus crías: aves cantoras, pájaros carpinteros, petirrojos y pinzones, zorzales y arrendajos y muchos más; el cuclillo, e incluso la ya poco común oropéndola, se encuentran entre ellos. Aves migratorias también se detienen a descansar aquí. Se ha corrido la voz de que en este bosquecillo hay suficientes granos y agua siempre fresca.
En el Paraíso de los pájaros hay otros animales que también se sienten bien: topos selváticos, comadrejas y liebres, mariposas, abejas y abejorros tienen aquí su hogar. Es una comunidad del bosque, plena de vida, que acoge agradecida la protección de sus cuidadores humanos. Sobre el suelo del bosque, que ha sido liberado de las ramas ya muertas, crece una rica flora: hipérico, espérula, el anielo montañés azul y una variedad de orquídea del bosque convierten al Paraíso de los pájaros también en un paraíso de plantas.
Al pie del valle, a unos pocos cientos de metros de allí, se están formando dos Biotopos húmedos con diferentes zonas de vegetación como fuente de alimentación para los moradores más diversos: cojugadas, gallináceas, avetoros enanos, acrocéfalos, gorriones de noguera… La mayoría de ellos perdieron su espacio vital natural a raíz del hundimiento de las aguas subterráneas y de la concentración parcelaria de terrenos. Aquí encuentran un nuevo hogar en zonas de plantas que viven en la humedad y de cañaverales que crecen bajo chopos, sauces y fresnos. Fuera de los juncos crecen allí también cañas, lirios de los pantanos, carrizos y diferentes hierbas de desove. Ranas y salamandras se radicarán allí sintiéndose como en su casa.
Una importante nueva reanimación de los terrenos agrícolas tiene lugar en base a la plantación de amplios Complejos de setos. Se han plantado diferentes tipos de árboles, como robles albares, arces y sicomoros, carpes, hayas comunes, tilos, serbales, serbos y muchos otros más.
Con la capa lateral de arbustos, que se compone, por ejemplo, de avellanos, aligustres, endrinos, alheñas, saúco y boneteros, formaran setos de árboles muy altos. Estos ofrecen a los animales una guarida, dan sombra y proporcionan a las personas una amplia vivencia de la naturaleza. Se vuelven a construir antiguas formas de paisajes de cultivo. Especialmente muchas especies de animales se establecen en estos lugares intermedios, entre la capa de árboles y arbustos por una parte, y por otra en los terrenos a campo abierto. Currucas sarceras, acentores comunes, urracas, escribanos cerillos, desolladores, ruiseñores, perdices pardillas y faisanes son sólo algunas de las especies de aves que anidan allí. La capa de hierbas sobrepuestas es, especialmente para muchas clases de mariposas, la principal base de su alimentación. Con los llamados vallados o Setos de Benjes (un ciudadano alemán de apellido Benjes es quien los introdujo por primera vez para este fin) se favorece el que se establezcan, crezcan y se propaguen plantas de modo natural. Para este fin se acumulan restos de trozos de madera, ramas, arbustos y árboles formando un vallado. En pocos años, y en base a semillas que en su mayor parte son depositadas por las aves, crecen allí árboles y arbustos. Las ramas y los trozos de madera ya muerta evitan que el suelo se seque, y al pudrirse constituyen un excelente humus para las plantas.
Naturalmente que los setos también son del agrado de los sapos, erizos, lagartijas y liebres, turones y comadrejas. Al mismo tiempo, en diferentes lugares se forman islas de árboles, Bosquecillos de campo, en medio del terreno agrícola. Los grupos de árboles están rodeados de diferentes arbustos y plantas silvestres. Se han plantado robles, encinas y hojaranzos o carpes, además arces, álamos, tilos, hayas, cerezos silvestres y muchos más. En las zonas de arbustos crecen avellanos, guindos rojos, saúcos, zarzamora, rosa silvestre, sauquillo y espino amarillo. En la agricultura convencional, tales islas de árboles han prácticamente desaparecido, ya que de cada metro cuadrado de terreno se quiere obtener una ganancia. En el cultivo pacífico de la tierra, que es el que aquí se practica, esto es diferente: los arbustos en el campo ofrecen protección y alimento a muchos animales que viven en libertad, a liebres y zorros, a faisanes, turones y perdices. Todos ellos encuentran aquí una guarida. Desolladores, halcones, lechuzas y otras especies de aves pueden anidar bajo la protección de los árboles y arbustos.
No dejan de tener importancia los Biotopos de piedras con sus cavidades grandes y pequeñas, que siempre encuentran a sus especiales interesados en vivir allí. Un biotopo de piedras ofrece un lugar para cobijarse y dormir a muchos pequeños mamíferos, como ratoncillos y martas. Lagartijas y serpientes también encuentran allí su hogar, y en el verano se asolean con deleite sobre las piedras calentadas por el sol.
En la formación de tantos diferentes espacios vitales para plantas y animales tiene especial importancia el que estos biotopos estén unidos entre sí, por ejemplo, por medio de setos. A la postre una verdadera red de tales elementos del paisaje tendrá que cubrir los campos. Los animales pueden moverse por estas rutas, encontrando allí siempre protección y donde guarecerse. Este Sistema colectivo de biotopos es muy importante para conservar, crear y ampliar los espacios vitales para numerosos animales y plantas.
Estos son sólo algunos ejemplos de la evolución de la naturaleza y el paisaje, que es lo que se está llevando a cabo en el Islote de tierra. Este se amplía constantemente a través de nuevas superficies de cultivo, por medio de reforestaciones. Se han adquirido bosques, praderas y campos para aumentar el espacio vital de los animales y disminuir la tensión que produce la caza. Los animales sienten la protección pacífica que se les otorga y van superando su temor ante las personas que viven con ellos. Por esta razón, los cuidadores actualmente ponen especial cuidado en que no hayan demasiados visitantes y curiosos que alteren la tranquilidad que reina en los campos y bosques. Los animales necesitan un tiempo prolongado para acostumbrarse a los seres humanos, a los que por lo común sólo viven como sus enemigos. En el mundo animal parece que se ha extendido la noticia de que existe este oasis, puesto que a los que ya viven allí se unen animales jóvenes huérfanos, cuyos padres han sido víctimas de algún cazador despiadado, que disparó matando, por ejemplo, a las madres de jabalíes o corzos pequeños. |
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