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Los animales necesitan espacio para vivir
Imaginémonos a un pueblo que, estando en guerra, acaba de ser arrasado por tropas enemigas: casas destruidas, personas huyendo que son perseguidas por los tanques; muertos y heridos graves tirados por doquier; las reservas de alimentos han sido saqueadas; es todo un mundo que se derrumba. Con seguridad que nos compadeceremos de esas personas. Pero cómo es con nuestra compasión en otro caso, como el que describe un destacado ecólogo de la siguiente manera: “Para las liebres se derrumba cada verano su pequeño mundo, cuando se acercan los colosos, que son las segadoras, y cosechan en horas o en pocos días los campos en los que las liebres obtenían su sustento. Al mismo tiempo han perdido ahora su hogar, deambulan de un lado para otro e intentan encontrar en los alrededores un lugar apropiado para vivir. Pero allí vuelve a ocurrir lo mismo.”4 En tales situaciones el bosque ofrece a los animales una importante posibilidad donde retirarse. También buscan un refugio en los bosques espesos durante las partidas de caza. Por su procedencia las liebres son animales de la estepa y de la sabana, que se mueven en amplias zonas en las que disfrutan de su rapidez, al correr dan saltos de varios metros, haciendo repentinamente fintas para desprenderse de sus perseguidores. La familia de las liebres se alimenta de pastos y hierbas, alternando entre los alimentos que encuentran en las praderas y el de los bosques, bajo cuya protección se encuentran menos amenazados que a campo abierto. En éste se repite una y otra vez el mismo drama. “En muchos sitios desaparecen las reservas de liebres ya en la temporada alta del verano, incluso antes de que comience la caza, porque no consiguen sobrevivir la repentina pérdida de su hábitat. Desarrollan comportamientos típicos de estar bajo estrés, se juntan en zonas donde se encuentran gérmenes patógenos, donde en poco tiempo son arrasados por epidemias. Tan apropiado como parecía en sus comienzos el campo, cuando crecía allí una sabrosa y alimenticia siembra, y los cereales les ofrecían al mismo tiempo protección, tan inapropiado se vuelve con la cosecha, que en las grandes áreas de cultivo se asemeja a una catástrofe natural, como lo es, por ejemplo, un incendio de la estepa.
De una manera parecida les va a los corzos. También a ellos les gusta vivir a campo libre, alimentándose de los tallos frescos de las plantas y hierbas o de los brotes de los arbustos y árboles jóvenes. Los corcitos nacen en las praderas y están amenazados de peligros similares a los que sufren las liebres. Sobre todo es la caza la que los empuja a los bosques, y los hace tan asustadizos, que sólo se atreven a salir en las últimas horas de la tarde. Esto no se debería olvidar cuando alguien se queja de que los corzos mordisquean los retoños de los árboles jóvenes del bosque. Al respecto los especialistas hacen notar además que, a causa de que los animales frecuentemente tienen que huir, necesitan una cantidad de energía adicional, que les impone la necesidad de alimentarse más.
Sin embargo, el bosque no es sólo un refugio, sino que para aproximadamente un tercio de todas las especies animales es su espacio vital de nacimiento. El animal más grande que recorre los bosques de Alemania en libertad, sobre todo en los Alpes, en la Selva Negra, en los bosques del Harz y de la región del Spessart, es el ciervo. Estos majestuosos animales necesitan zonas muy amplias: entre su hogar del verano, en el que la hembra da a luz a su cría, y el paraje de su estadía invernal, pueden mediar 40 kilómetros. 6
Al jabalí, también conocido como animal montés, no le va mucho mejor que al ciervo. Su existencia también depende de bosques grandes, sobre todo de los bosques mixtos de encinas y hayas, cuyas semillas constituyen el mejor alimento para los animales del monte. Por ello se mueven entre los bosques y los campos de un lado para otro, para aprovechar la oferta alimenticia de ambos sitios. Tienen gran preferencia por los campos de cereales maduros y por los cultivos de patatas, motivo por lo cual no son especialmente queridos por más de un agricultor – a pesar de que los afectados, por la “precosecha” de los jabalíes, reciben indemnizaciones que equiparan los daños causados. A su comida casera en los bosques pertenecen los hayucos y las bellotas, las larvas blancas, gusanos y raíces y también cadáveres de animales. Sobre todo por esto último, los jabalíes, junto con los zorros, se convierten en la policía de sanidad del bosque. También como ayudantes de reforestación actúan constantemente, revolviendo y aligerando el suelo del bosque con su fuerte “nariz”. Liberan el humus de la espesa capa de follaje, bajo el cual se encuentran los gérmenes de las bellotas y hayucos, que se ahogarían si no tuvieran aire fresco. Los machos y hembras adultos evitan que la superficie del suelo se enmarañe en exceso, y fomentan así la renovación de las existencias forestales. También estos animales se han puesto muy huraños a causa de la caza. Donde saben que no corren peligro, ganan de nuevo confianza. En una granja de la Fundación Gabriele han vuelto a establecer comunicación con los seres humanos. Vienen a visitarnos como si fuera algo normal – al comienzo sólo por las noches, y más tarde también durante el día, cuando se está trabajando. Con sus rostros delgados y sus fieles ojos observaron este verano como se llevó a cabo la cosecha.
Igual de confiados, y posiblemente muy juguetones, serían los más tímidos habitantes del bosque, si se les diera ocasión para ello: los zorros. Ni su belleza, ni la astucia que se les atribuye, ni su rapidez les preserva de que anualmente se les dispare, sean estrangulados en trampas y gasificados en sus viviendas aproximadamente 300.000 de sus congéneres. El desmesurado y primitivo afán de matar de los cazadores alcanza su punto culminante con el zorro, al que odian tanto como animal de rapiña y competidor, así como también lo aman como objeto de su pasión asesina. No es de extrañar que apenas ya se vean zorros.
Cuando les llega el olor del hombre, están olfateando a la muerte. ¿Quién no se volvería cuidadoso en un caso semejante, y quién no tendría la idea de darse buena vida en los establos del peligroso animal de rapiña denominado hombre? Que el “Zorro Reinecke”, como le llama Goethe en su gran poema de los animales, sabe comportarse de un modo muy distinto, lo demuestra en Londres y Bristol, donde los zorros se mueven entre los jardines y patios a pleno día, como los gatos, permiten que se les de comer y se tumban a dormir al sol en las terrazas. 8 Tales comportamientos son condenados como mentiras por los libros de estudios tradicionales sobre la investigación del comportamiento animal. Esto también es válido para el supuesto gran peligro de que transmiten la rabia, con lo que los cazadores buscan justificar su exaltada y fanática persecución de los zorros. Entretanto hay incluso vacunas que inmunizan a los zorros contra la rabia, y el riesgo de que una persona enferme de rabia es tan pequeño, que no se puede cuantificar. Más de un factor indica que la caza inmisericorde de estos animales es incluso una de las causas de la rabia. En el parque nacional de Berchtesgaden, situado en el sur de Alemania en la frontera con Austria, en el que está prohibida la caza del zorro, no existe la rabia. Y en un distrito rural de la zona boscosa llamada Bayerischer Wald, ésta desapareció de golpe, cuando en los años 50 se suspendió durante un tiempo la caza del zorro.
Por lo demás, el zorro se alimenta muchísimo menos de robar aves de corral de lo que supone una tradicional canción de niños en Alemania. En su entorno más cercano practica la caza de liebres y ratones; pero también se conforma con lombrices y cadáveres. Le encantan los frutos de todo tipo, siempre que sean lo suficientemente dulces; no por casualidad las fábulas lo relacionan con ello. Las bayas maduras del bosque le suministran en pleno verano, y en las postrimerías del mismo, la energía que necesita para sus marchas de muchos kilómetros, que entonces comienza. Su movilidad y capacidad de adaptación en toda situación de la vida, han permitido que el zorro sobreviva todas las cruzadas destructivas que se han dirigido contra él. Ya es hora de que acabe la lucha contra estos animales. Los expertos aseguran que en los bosques su población se regularía con toda seguridad, así como se ha regulado en las ciudades, donde los zorros están algo más a salvo de ser perseguidos.
En los bosques centroeuropeos antes también vivían lobos y osos, linces y gatos monteses, uros y bisontes. Prácticamente todos ellos han desaparecido. Los últimos uros murieron ya durante la guerra de los 30 años, en Polonia, bajo las balas de mercenarios franceses.
Los últimos lobos autóctonos fueron exterminados aproximadamente a finales del siglo pasado por cazadores de lobos oficiales. Los linces y los gatos monteses fueron igualmente exterminados – y en la actualidad se intenta de nuevo, y con mucho esfuerzo, su adaptación. El alce sólo se encuentra en los bosques del Norte de Europa; y al bisonte se le encuentra sólo aisladamente en la reserva natural de Bialowiezer, en la frontera de Bielorrusia con Polonia.
Todavía se podría decir mucho sobre otras innumerables especies a las que el bosque sirve de hogar – martas y ardillas, conejos y lirones, ratones campestres y muchos más. ¿Y qué sería del bosque sin el trinar y el gorjear de los pájaros, del pinzón y del paro, sin los sonidos del arrendajo común y de los pájaros carpinteros, sin la llamada del cuco, del mochuelo y del búho y el canto del ruiseñor? Y no olvidemos a los escarabajos y gusanos y a los microorganismos responsables del humus. Pero no sólo para los animales de todos los tamaños constituyen los bosques un refugio y un hogar, sino también para especies de plantas poco comunes, que ya no germinan en los campos, porque la agricultura moderna les ha quitado su espacio vital. Las flores de las praderas crecen hoy en día más bien en los márgenes de los bosques, o en claros, y ya no más en medio de la explanada verde. Salvias y amapolas, campanillas y margaritas se las encuentra con más frecuencia que antes debido a la siembra sobre la costra de la tierra; pero donde más se las encuentra es en los entornos de los bosques, donde la tierra no ha sido tan excesivamente abonada y extenuada como en los campos de cultivo. Nuestro breve recorrido nos ha mostrado: El bosque alberga de múltiples maneras la vida de todos los reinos de la naturaleza, y ofrece las condiciones de vida para los espacios vitales de campos y terrenos del entorno, que están entrelazados con él. |
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