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La formación
de "paisajes de cultivo rural" modernos


Tot - ausgelaugt: eine Agrarwüste


Esta disposición de prados y bosques unos al lado de los otros, que hoy en día nos resulta tan obvia, no existía originalmente. Cuando terminó el periodo glacial hace unos 12.000 años y se derritió el suelo helado de la estepa fría, brotó una nueva vegetación. Los ecólogos suponen que “duró tan sólo un par de milenios hasta que prácticamente casi toda Europa central se convirtiera en un paisaje tupido de bosques. Estos mostraban una composición variada, pero las encinas, carpes y hayas constituían la mayor parte de los tipos de árboles”. Ese era aún el aspecto hace casi 2000 años.

Sólo después de las migraciones de los pueblos comenzaron las primeras grandes talas de bosques, que crearon espacio para los paisajes de cultivo rural de los 1000 años siguientes, para la unión de campos y bosques y para que los seres humanos se establecieran en poblados. Una tercera parte siguió siendo bosque. En el resto surgieron prados, campos de pastoreo y de cultivo, bosquecillos, estanques y huertos frutales, una red de diferentes espacios vitales, en los que encontraron su hogar una gran variedad de plantas y animales. La fusión de cultivos y naturaleza en un variado paisaje rural de campos de cultivo, bosques y aldeas campestres nos ha sido transmitida con un magnífico colorido por pintores de paisajes rurales y poetas. El idilio se vio por cierto siempre turbado por el cuchillo de matarife del hombre y por la caza.

A finales del siglo XVIII los bosques habían sido explotados y talados tan excesivamente que amenazaba una catástrofe ambiental. Si el campo no debía convertirse en estepa, era absolutamente necesario un rápido crecimiento de nuevos bosques. Esto condujo a la moderna economía de explotación forestal, a la que se remite la imagen del bosque actual. Tipos de árboles de crecimiento rápido, sobre todo pinos, debían cubrir la necesidad de madera y ofrecer protección al suelo y a las existencias de agua. Se consiguió reforestar de nuevo una escasa tercera parte de la superficie rural centroeuropea. Sin embargo, los bosques de crecimiento silvestre espontáneo de los primeros tiempos, se convirtieron entonces en los monocultivos actuales con su –en comparación– aspecto uniforme y monótono.

Algunos decenios convivieron aún los árboles, que se erguían dispuestos en fila, con el mosaico rural de los campos y campiñas que se habían formado en el curso de los siglos. A mediados del siglo pasado también desapareció esto. Prados de flores y campos de hierbas fueron sacrificados al calendario fungicida de los agricultores. Del paisaje de cultivo rural distribuido en ámbitos pequeños surgieron los monocultivos de la moderna industria agrícola, que con abonos químicos y máquinas cada vez más perfectas, extrajeron por la fuerza hasta lo último de la tierra y la explotaron debilitándola cada vez más. Parcelación y alineación de arroyos, asfalto y allanamiento del terreno hicieron posible un paisaje adecuado para las máquinas, en el que los espacios vitales de los animales fueron reducidos cada vez más.



Si el desarrollo del paisaje de cultivo rural había reunido en Europa en mil años una increíble variedad de clases de plantas y animales, estos fueron perdiendo paulatinamente su hogar. La coexistencia e interacción de los diferentes biotopos fue disuelta y reemplazada por estructuras de tablero, en las que liebres y ratones, perdices y codornices y muchos otros animales no encuentran ya ningún refugio. Las hierbas silvestres se convirtieron en “malas hierbas”. Sólo lo que da beneficio, tenía aún su justificación. Cerdos y vacas, gallinas y gansos, que se alegraban de pasar su vida en una naturaleza libre, acabaron en su mayor parte en desconsoladores establos de animales en masa, produciendo montañas enteras del estiércol con que la agricultura moderna envenena los campos. El empleo de fuertes productos de abono y antiparasitarios para cultivo se convierte en la muerte de la riqueza de especies. Muchos animales pierden sus plantas que los alimentan. Las listas rojas, que contienen los nombres de las plantas que están amenazadas de desaparecer, se hacen cada vez más largas. Estas son las consecuencias de la agricultura industrial.

“Allí donde rige la economía agrícola, y la industria forestal ha unificado la estructura de los bosques, a la mayoría de las especies les va mal. Más de dos tercios de las especies que actualmente se están reduciendo en sus existencias o están gravemente amenazadas de extinguirse en Alemania, están afectadas por el desarrollo de la agricultura... Pero no sólo las flores multicolores, las mariposas que revolotean, los cantos de las alondras, las perdices y liebres se han convertido en las víctimas de la agricultura moderna. Ésta debería haber sido clasificada desde hace tiempo como la que carga y daña del modo más significativo el medioambiente, pues sus efectos amenazan el agua potable a través de las aguas subterráneas, y la unificación de las superficies productivas ha disminuido en mucho el atractivo de la naturaleza y la belleza del paisaje rural. Esto tiene un efecto directo en el mundo ambiental de los seres humanos, en nuestro medio ambiente”.

Hasta aquí las constataciones de un ecólogo que, en beneficio de los seres humanos, se ve obligado a iniciar una campaña para que se tenga más consideración con los animales. La Fundación Gabriele actúa directamente en beneficio de los animales y crea para ellos espacios vitales, que el ser humano les ha arrebatado.



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