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Dos crías de corzo encuentran un hogar


«Silia, chiquilla, ven aquí, ha llegado la hora del biberón». Es una cría de corzo tan pequeña..., y sin embargo Silia es «la grande». Ella es la primera de las crías abandonadas que encontramos y que ya hace algunas semanas acogimos en la enfermería de la Tierra de Paz, de la Fundación Gabriele. Un agricultor la encontró con una patita quebrada entre la hierba, cuando estaba segando un prado. Normalmente uno no se lleva simplemente a una cría de corzo, porque la mamá viene a amamantarla regularmente. Pero si el agricultor hubiera dejado allí al corcito, con la patita en tan mal estado, éste no hubiera sobrevivido.



«En Alemania no se puede simplemente coger una cría de corzo herida y llevarla al veterinario», nos cuenta el cuidador que se ocupa día y noche de Silia, desde que ella llegó. Los animales silvestres son considerados aquí como «propiedad» del cazador correspondiente. Si uno toma un animal silvestre para curarlo, esto es considerado como un «acto furtivo» y es ilegal. Silia tuvo suerte: El cazador dio su permiso para que la lleváramos. «Sólo cuando tuvimos este permiso, pudimos llevarla al veterinario», nos cuenta su cuidador. El veterinario tenía también por primera vez sobre su mesa una cría de corzo tan pequeña y con una patita quebrada, pero nos ayudó en seguida: «Hizo una radiografía de la patita y después la operó, con placas, tornillos, escayola, venda, -vaya, con todos los detalles-, como se hace con las personas».

 


El cuidador no nos quiere comentar los costes de esta operación, pero nos dijo: «Los animales son nuestros amigos, es más que eso, son parte de la familia. Y lo mismo que uno hace todo lo posible por un familiar, sin escatimar esfuerzos ni gastos, para que se ponga sano, así lo hacemos también con nuestros hermanos los animales».

Ahora a Silia ya le va estupendamente. La patita ha sanado, ella ha crecido bastante y salta muy contenta por todas partes..., y hace muy poco encontró una compañera de juegos: Selinda.



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«Como les pasa a todos los niños, tampoco a una cría de corzo le gusta estar sola», nos dice el cuidador de la Tierra de Paz, de la Fundación Gabriele. Por eso nos pusimos a la búsqueda de otra cría de corzo, aquí en Alemania. Y la encontramos. Era una cría muy pequeñita, que había sido encontrada junto a la vía del tren.

Las personas que al ir de paseo la habían encontrado, nos contaron que al llegar el cazador la quiso matar inmediatamente, porque sin mamá no tenía nada que hacer...  Pero quienes la encontraron son amigos de los animales, por lo que protestaron enérgicamente y al final pudieron llevarse al animalito a un sitio de recogida. Desde allí  nos avisaron a nosotros, y salimos de inmediato a recoger al corcito para traerlo a la Tierra de Paz». Los primeros días fue una lucha constante por mantener viva a la pequeña Selinda.

 



Pero finalmente los cuidados y la atención médica tuvieron éxito. Hoy Selinda es una hembrita de corzo muy vivaracha, que una y otra vez se va de excursión con su gran amiga Silia. Sería bueno que pudiesen tener un recinto más grande, el que cuando sean mayores puedan abandonar e ir al bosque y volver así a su vida silvestre. «Pues nuestra meta es que se reintegren a una vida silvestre normal, habiendo aprendido que en este mundo no sólo hay cazadores, sino que también hay personas que respetan la vida de los animales. Y esta capacidad de discernir se la pueden transmitir a otros animales», son las palabras finales del cuidador.

 

 

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